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28.05.2019
Experiencia Looking China 2019
 
 

Los egresados Facundo Sanabria (Sede NEA) y Lucia Paz (Sede Centro) participaron del encuentro Looking China, un proyecto patrocinado por la Fundación Cultural Huilin y por la Academy for International Communication of Chinese Culture.

Promoviendo la experiencia cultural china, el proyecto se ha celebrado con éxito durante cinco ediciones y tiene como objetivo realizar cortometrajes documentales chinos de 10 minutos de duración con la perspectiva única de jóvenes cineastas extranjeros y con la cooperación personal de voluntarios nativos.

Recién llegados del encuentro, Lucía y Facundo nos comparten su experiencia personal.

 

 

Reflexión Looking China
“Experiencia en China”
Por Lucía Paz

“Como punto de partida escribo estas palabras habiendo regresado a Buenos Aires hace 21 días, con un jetlag que duró 10, y ahora, queriendo volver a estar en Chengdu de nuevo.

Esta propuesta loca y única que hacen los chinos al mundo (extranjeros invitados a hacer un cortometraje documental a su país, para que hacia adentro y hacia afuera se difunda la cultura) rompió algunos cánones que aprendí y adquirí en los años de cursada recientes en la ENERC. La escuela por sobre todas las cosas me enseñó a trabajar en equipo, me mostró el trabajo especializado, y cómo confluir de la mejor manera siendo varias áreas en una misma búsqueda. En contraposición este trabajo es muy individual, porque si bien compartís el proceso de planificación, scouting, y rodaje con el compañere chino que a cada uno le toca; el rol del compañero chino está circunscripto a la gestión para que salga la peli que uno quiere filmar (ser nexo con los entrevistados, traducir del chino al inglés en el caso de los entrevistados que solo hablan chino, organizar los traslados y comidas, hacer informes del trabajo). Entonces, en lo que fue mi experiencia, yo sentí la libertad de ver, de escuchar, de tomarme el tiempo necesario, de pensar, de escribir, de dialogar, de estar en silencio, de estar sola, para en ese proceso buscar qué contar y cómo.

En esta búsqueda se cruza que uno está conociendo una cultura nueva, entonces uno se choca con cosas que por ahí no terminás de entender la idiosincrasia de un pensamiento o de una práctica que ellos tienen. En el caso del trabajo que estaba haciendo, me topé con conceptos como el manejo del tiempo, el ritmo de vida, la concepción de la tecnología como beneficio o perjuicio para las personas, y el lugar de la naturaleza. Yo fui con mi idea acerca de estas palabras, y allá me encontré con que, o hacía el documental que había planeado desde acá donde lo que estaba haciendo era viajar a China a transmitir mi pensamiento occidental, o trataba de entender qué piensan ellos al respecto, y entonces generar un diálogo entre ambas partes.

Es muy delicada la comunicación entre chinos y argentinos, hablándonos mediante el inglés, y que podamos entender las concepciones filosóficas que cada uno tiene, y no queden cosas en el medio de un teléfono descompuesto. Yo no sé si entendí de modo correcto su visión de tecnología y naturaleza, como tampoco tengo la certeza de si ellos entendieron tal cual lo que quise expresar; entonces ¿qué se hace, no? Y… tratar de generar conexiones y fluir… que es básicamente lo que siento que resonó de ellos para conmigo y lo que busco transmitir en el documental que hice. Sucede también que uno al estar en una cultura tan diferente, busca anclajes. Calculo que mis amigues si ven el documental van a ver resabios de charlas que hemos tenido, yo por lo menos las siento, con lo cual, sé que tampoco fui a descubrir algo muy distinto a mis ideas en China. Con esto me parece importante expresar que uno va con su bagaje, y trata de conectarse desde uno y encontrar espejismos de algo reconocible allá. Y algo fundamental durante todo el proceso fue que  todas esas ideas que circulaban en mi cabeza se las contaba a Xiaodan (mi compañera de China), por ahí nos entendíamos rápidamente, por ahí a fuerza de intentar con las mismas palabras en inglés pero en distinto orden, o usar una aplicación china para traducir, o esperar un par de días, que decante y volver a hablar.

Fue muy importante apoyarme en la digestión del contenido con ella y con Wen, que es uno de los estudiantes que entrevisté. Charlamos mucho por “Wechat” (el Whatsapp chino). Cuando volvía al hotel y veía el material registrado, o escribía las preguntas de las entrevistas, intercambiábamos audios y seguíamos procesando la información (mi compañera de cuarto, argentina también, puede dar fe de la catarata de audios con Xiaodan y Wen). En ese sentido, el de tener la película en la cabeza todo el tiempo y a cualquier hora escribirle a alguien del equipo, con los chines me fue mejor de lo que me va acá, ellos siempre están en modo work, me parece. Creo que el documental habla de la fluidez del movimiento, porque sentí fluidez en el proceso creativo; o la fluidez del tren de alta velocidad influyó en la fluidez del trabajo.

Entonces creo que en esta experiencia el hecho de que la técnica estuviera aunada solamente en mí, hizo que todo el diálogo sobre el cortometraje con otres fuera por sobre todo acerca del contenido, de la comprensión de ideas, de mundos, de lo narrativo. Eso hizo que pudiera poner el foco allí, y que la forma que adoptara el documental estuviera por detrás del concepto. Eso obviamente trajo algunos problemas como que el tercer día de edición de imagen, tenía el segundo acto del documental montado, pero sin sonido, y caí en la cuenta de que no había pensado un diseño sonoro para la parte poética. Algunos de los aprendizajes que me llevo de este viaje es 1) uno no puede tener las respuestas a todo desde el principio, no podés tener todo planificado, no podés saber todo, no podés tener el control de todo, okey, he dicho 2) dejar fluir, soltar, ya va a venir la respuesta. Cuando me vi con 5 minutos y medio de cortometraje sin sonido, salí a buscar la merienda y pensé cosas básicas: el sonido tiene que acelerar y desacelerar, tiene que ser fluido, no quiero que sea literal de la imagen. Ya está, con eso busqué sonidos en freesound y los puse. Obviamente el diseño sonoro que quedó es precario, no tiene una sola ecualización, y no tiene la complejidad que sí pude buscar de antemano en las imágenes, pero fue funcional a la idea y a la sensación. Tercer aprendizaje entonces: nada es perfecto, el resultado es lo que es en ese momento.

La posibilidad de tener este tipo de laburo con las herramientas para poder resolver, se debe a la base que me dio la escuela, que por sobre todas las cosas es hacer cine para querer contar algo. Hacer para transmitir una visión del mundo. Sumado a contar con los recursos para manejarme en el medio documental: cómo pensar y llevar adelante una entrevista, las modalidades de documental, el manejo de la voz en off en un relato, todas las referencias de documentales vistos durante la carrera, etc.

Con lo cual, creo que la posibilidad de haber filmado un proyecto de manera autosuficiente (en lo que respecta al diseño y ejecución de lo estético), a lo que valga aclarar le tenía mucho miedo, hace que salga a la superficie la base que nos da la escuela, hace que ahora en el laburo en equipo tenga una mayor comprensión del laburo de otras áreas. Y también, por ahí algo más complejo de aplicar que es tratar de que esa fluidez en el proceso de construcción de la idea y su llevada a cabo (que contiene mucho tiempo interno de reflexión) se pueda incorporar en el trabajo en equipo. Hay una sensación que a veces sentimos en el rol de dirección que es 1) uno tiene que tener todas las justificaciones a por qué proponemos cada cosa 2) quedás preso de esa respuesta, mañana no podés cambiar. Y el proceso de hacer es un vaivén, es pensar una cosa y después darte cuenta que estabas errada, es confiar que en el movimiento vamos a llegar a puerto. Cuánto más se remueva la tierra, mejor va a crecer la plantita. Por ahí ahora intuyo que va por acá, pero recién puedo explicarte el por qué en un par de días. Entonces ¿cómo trasladar esa libertad creativa que experimenté sola, al trabajo en equipo con 10 personas o más?

Por último, y no menos importante, me parece que está bueno reflexionar en el lugar que China le da a la educación y a la cultura. Hasta hace muy poquito cuando contaba la experiencia de Looking China, decía qué caro le sale a China difundir su cultura. Hasta que conversando con mis amigas docentes de lengua y literatura, caí en la cuenta de que pensar qué caro les sale, responde a ver a la educación como un gasto para el Estado, cuando la educación no tendría que ser concebida como gasto, sino como inversión. Hasta el próximo viaje, donde les pregunte, prefiero quedarme con la idea de que los chines invierten en educación y cultura, y desde esa lógica promueven este tipo de intercambios culturales enriquecedores para elles y para nosotres”.

 

Reflexión Looking China
 “Veinte días en China”
Por Facundo Sanabria

“La experiencia del viaje a China comenzó para mi mucho antes de subir al avión en Ezeiza, ni bien recibí la noticia de Karina mi vicerrectora y Rodrigo Paz de Relaciones Institucionales empecé a pedir ayuda a muchas personas para conseguir lo que necesitaba para el viaje, desde una notebook para editar hasta charlas telefónicas en inglés para afilar el idioma, los meses previos al viaje estuvieron llenos de expectativas y ansiedad.

Ni bien me puse en contacto con Lucia Paz mi compañera de la ENERC sede centro me di cuenta que todas mis preguntas, dudas y miedos eran compartidos, y esta ansiedad colectiva irónicamente me hizo sentir seguro, pues también estaba acompañado, más adelante las conversaciones con Lucía se harían más frecuentes, al punto que obtuve una gran amiga en el viaje, y una compañera de charlas sumamente necesaria para sobrellevar los desafíos de la experiencia.

Treinta horas de vuelo son treinta horas de vuelo, de acá a la China, lo que hagamos con ese tiempo habla perfectamente de nosotros, más allá de la comodidad que nos ofrecía la aerolínea con la que viajamos (que debo decirlo era un lujo increíble) no podía con mi genio y lo único que quería hacer era hablar (más adelante esto me traería una anécdota en territorio asiático), afortunadamente la agencia de viajes nos reservó asientos juntos a mí y a Lu, por lo que pude hablar (casi) todo lo que quería hablar con ella desde que la contacté por vez primera en whatsapp.

Dato interesante: habría conocido en el 2017 a la que sería luego mi compañera de vuelo, por pura casualidad coincidimos en uno de los rincones de la escuela en Buenos Aires en pleno proceso de postproducción de las Tesis de ambos, me daría cuenta de esta coincidencia al ver una foto de la flamante egresada de sede centro elegida para participar de Looking China.

Por suerte para Lu y para el descanso de sus oídos, la aerolínea tenía una enorme variedad de pelis y música para ver, un poco viendo pelis y otro maquinando la temática que me tocó, el viaje no se hizo muy largo.  Once eran los temas que nos proporcionaba la AICCC (Academia Internacional de Comunicación Cultural China), de los cuales me quedé un poco por elección y otro por azar con The wide and Narrow Alleys a mi entender en ese momento unas calles antiguas que conservaron la arquitectura tradicional de la dinastía Qing, y se convirtieron en un lugar histórico, cultural y relativamente turístico (reitero…a mi entender en ese momento). El tema en las fotos parecía dinámico, divertido, y estéticamente atractivo, después de consumir muchos documentales de Looking China en Resistencia Chaco, tenía un solo objetivo concreto con el mío, que no sea aburrido. Obvio quería descubrir la cultura de nuestros amigos chinos, y profundizar en cuestiones humanas y sociales, es lo que escribí en la aplicación al intercambio, pero verdaderamente me conformaba con hacer algo que sea divertido de ver.

Al llegar a Beijing que se parecía mucho a lo que yo me imagino que se debe parecer Rusia (nunca fui) conocimos al resto del grupo de la provincia que nos tocó, Sichuan, aparentemente  todo el viaje estuvo en el mismo vuelo Malena Pardo, una de las chicas de la Universidad del Cine, y como nunca nos percatamos de esto aprovecho y miro seis películas durante el vuelo, más adelante estarían Agustín el supervisor, Eugenia y Rocío, todos de la FUC que llegaron en un vuelo distinto. En la Universidad Normal de Beijing, nos conocimos con Joel Ortega (Joe), Andrés Durán (Andy o el joven Dufu como más adelante lo llamaríamos en el viaje) y Renata Arzac (Renu claramente), los tres de la Universidad Iberoamericana de México, también en el súper equipo estaban Burcu Camcioglu, Dessy Ilieva (ambas de la Escuela de Cine de Praga, República Checa) y Kai Yuan (llamado “el winner” por el resto del viaje desde que nos enteramos que había ganado la última edición de Looking China y fue elegido para volver).

Al finalizar una ceremonia en la que nos explicaron el proceso de producción audiovisual para el proyecto y frente a la preocupación general nos mostraron en qué regiones de China se comía perro efectivamente, tomamos partido al aeropuerto y despegamos a la tan esperada ciudad de Chengdu, provincia de Sichuan, en esta nos esperaban nuestros “partners chinos” encargados de ser nuestro puente logístico y de traducción frente a los objetivos del mini-documental que teníamos asignado.

Tardaríamos poco en darnos cuenta que si bien algunos profesores manejaban un inglés fluido, nuestros compañeros estudiantes de la universidad de Sichuan lo sufrían bastante, y cargaban consigo una aplicación de traducción en su celular o en su defecto un dispositivo no mucho más grande que una birome que al hablarle en ingles salía una voz en chino, el primero siendo más seguro ya que veríamos que estaba traduciendo efectivamente. La comunicación con nuestros aliados chinos fue entonces un proceso arduo, difícil y sumamente frustrante.

Fang-qi, mi compañera, frente a este estrés compartido (y una anomalía climática sería según nos dijeron) quedó sin voz para el segundo día de rodaje. Un poco antes de que comenzáramos a filmar nos llevaron a un tour donde conocimos la mayoría de las locaciones y se nos llenaron las cabezas de preguntas, desde los pandas, hasta templos budistas llegamos a la locación final que era la mía, el famoso Khuanzai Alley, las calles angostas y anchas o Wide and Narrow, tenerlo en primera persona fue en principio una experiencia traumatizante pues a diferencia de las fotos el lugar estaba sumamente transitado por turistas, es decir, caminarlo implicaba hacer un esfuerzo para no chocarse demasiado contra los peatones, las actividades “históricas y culturales” estaban adentro de negocios comerciales, en uno de los callejones había un cartel de Starbucks reluciendo su verde tan distinguible, y lo que parecía una puerta al entendimiento de la cultura de Sichuan me empezó a parecer una gift-shop gigante en el medio de China. Al volver a la universidad donde nos hospedábamos nos juntaron para una reunión sorpresa donde teníamos la opción (debíamos a toda costa) hacerle preguntas de nuestro tema a uno de los profesores de la Universidad,  que no hablaba inglés pero contaba con un joven traductor, las cosas empezaron extrañas y se desbordaron cuando yo hice mi interrogante, algo acerca de la ópera de Sichuan si mal no recuerdo; en inglés no hubo problemas, pero cuando se comenzó a hablar en chino la comedia comenzó (esto volvería a suceder varias veces) los alumnos reaccionaron entre sonidos de sorpresa y carcajadas y el profesor me ofreció una especie de respuesta que no me pareció muy útil, esto volvió a suceder con el siguiente proyecto, y el siguiente, y el siguiente. Volvimos esa noche muy cansados después del tour de todo el día y el baldazo de agua fría de la reunión y nos disponíamos a enfrentar estos inesperados conflictos al día siguiente.

El destino, suerte, coincidencia, llámenlo como quieran, pero en aras de escaparme del caos de gente, el bullicio y un poco de mis propias inquietudes, el día del tour cuando estábamos en mi locación entré a una vieja casa de té bastante alejada de ese sonido ahogante como para escuchar solo el sonido de mis pensamientos, en este lugar se escuchaba una leve música con instrumentos orientales, y de vez en cuando los choques entre porcelanas de una taza y su cobertor (las tazas “gaiwan” de té cuentan con un bowl, una tapa y un plato, que tradicionalmente son llevados todos para beber el té en una misma acción), entró Fangqi y también la guía turística, que nos acompañó gracias a la muy astuta idea de Fangqi, y consultamos quién era el dueño del establecimiento, Jiang Zhongying una mujer de no menos de cincuenta y pico de años, nos recibió cálidamente y acordamos con ella tomar el té el siguiente día para que nos cuente la historia de este lugar tan distinto del resto de Khuanzai Alley.
 
El día siguiente me dispuse a averiguar qué tenía para contar esta mujer y ver si nos podíamos encontrar con algún otro lugar o personaje que valga la pena, Fangqi se reunió conmigo junto a un compañero que nos ayudaría a traducir lo que decía Jiang, más allá de unas preguntas como: ¿Cuántos años tenés?  Y ¿de dónde sós? La conversación en los rápidos subtes de Chengdu no variaba, era demasiado esfuerzo para ellos formular una pregunta como para mantener una charla fluida. Al llegar a la casa de té, pedimos una jarra de agua caliente y tres tazas de té de jazmín (delicioso, me traje un paquete y un juego de té) renuncié a la idea de la entrevista en inglés-chino y para que sea más fluido yo le haría una lista de preguntas y ella mantendría la entrevista completamente en chino, esto lo grabaríamos y lo traduciríamos para ver si nos servia.  Nos despedimos y seguí transitando las calles anchas y angostas, que a esta hora del mediodía parecían más pintorescas, no había tanta gente y pude ver el paisaje más tradicional no tan contaminado por lo comercial, más tarde al obtener la traducción decidí entrevistarla solamente a Jiang y la historia de las calles sería el contraste entre el ambiente comercial de las mismas y la casa de té, un hogar que respeta la cultura milenaria del té en China y que resulta necesario para comprender un poco más a la gente del lugar. El sonido sería mi gran aliado, las transitadas calles de la ciudad de Chendgu y el bullicio de los turistas caminando a través de Khuanzai Alley contrapuestos contra el sonido de instrumentos como el Ghuzeng (ejecutado bellísimamente en los rincones del wide and narrow) y la paz en el hogar de Jiang, este contraste que luego encuentra armonía comenzaba a construirse en mi cabeza para luego realmente culminarlo en el montaje.

Disfruté mucho el rodaje esos cuatro días, el primero entrevistamos a Jiang como corresponde, ella tenía miedo de no aparecer linda en cámara, por lo que podía ver a través del viewfinder me resultaba una persona hermosa, quizás también por lo que nos contaba con tanta calidez o capaz también porque realmente fue mi salvación encontrarla, los otros días me dediqué a filmar personas, lugares, música y situaciones en el Khuanzai Alley, todos los días Fangqi llevaba una compañera distinta (me enteraría luego que lo hacía para que hablen conmigo, efectivamente me sentí muchísimo más cómodo), una de ellas, la que mejor hablaba inglés, me canto “don’t cry for me Argentina”me hacía preguntas todo el tiempo, me explicó según su perspectiva la diferencia entre Hong Kong y el resto de China, me agregó a wechat (la alternativa china de whatasapp/Facebook/Instagram, etc) y se reía de mis malos chistes en inglés, obviamente la adoré con toda mi alma, fue quizás el mejor día de rodaje. El tercer día nos acompañó el profeso Wang y Agustín que me ayudó con los planos y me hacía conversación mientras filmaba, entramos a un restaurante Hotpot (evítese a toda costa, comida extremadamente picante) para filmar las calles desde adentro, cuando un chino salió y procedió a expulsar lo que había consumido al lado nuestro, salimos del lugar y el profesor Wang no quería ni voltearse, más adelante fuimos al  restaurante ZIFEI dentro del Wide and Narrow que al principio parecía una locación imposible de obtener, cuando Mr. Wang entra dos minutos y nos dice que al otro día podíamos filmar máximo una hora, lo hicimos y es de lo más bello que registró la a6300 desde que la compré.

El rodaje finalizó, en esos días no tengo idea qué era lo que comía sinceramente, en un episodio salí corriendo del restaurante para comprarme una lata de coca que calme el ardor de una boca torturada por el picante, recorrí Chunxi Road para obtener imágenes de una ciudad moderna, limpia y muy organizada y me saqué muchas selfies solicitadas por jóvenes chinos que pocas veces vieron un occidental.

El proceso de montaje como siempre para mí evoluciona progresivamente del tedio, a la frustración, la mecanización, la diversión, las conclusiones y la corrección. Compartí estos momentos con Joe y Andy que me recibieron más que contentos en su habitación, y editábamos por horas cortando solo para ir a comprar cosas o ir a cenar, los mexicanos necesitaban café y yo ardía por dentro por un tereré, ellos no consiguieron su poción mágica y yo fracasé intentando hacer una bombilla con una birome, así que nos conformamos con té de jazmín mientras editábamos, a veces vislumbrando un mate que nos convidaba Eugenia. Salí a correr para cortar el estrés varias veces, y en esos minutos que me agitaba escuchando música en el estadio deportivo imponente de la Universidad de Sichuan, me calmaban mis ansiedades y construía la historia paso a paso procesando el material que tenía.

En esos días subían pequeñas notas en chino acerca de nuestras aventuras con los partners donde hablaban de nosotros, “Joe es un realizador profesional y dedicado…” “Andy tiene grandes ideas y nos llevamos muy bien…” “Facundo…conversa mucho, me hace preguntas todo el tiempo…”  no podría estar más de acuerdo, pero sí trajo carcajadas cuando leímos las notas junto con los chicos.

El montaje terminó y orgullosamente terminé mi corto habiendo ayudado a tres más en la posproducción de sonido, haciendo doblaje y Foley para Joe como el diseño sonoro para Male y Euge. Las noches fueron intensas y dejaron ojeras de por medio, luego de las proyecciones donde vimos el trabajo de todos salimos a comer y terminamos la noche con dos vinos australianos e incontables cervezas de distintas partes de mundo, me despedí con Andy y Joe sabiendo ya entonces que los iba a extrañar un montón y descansamos para el otro día partir a nuestros hogares.

Se fueron los mexicanos, se fueron las chicas de la universidad de Praga, quedamos Lucia y yo mientras los chicos de la FUC fueron al Gran Budha de Leshan ya que se quedaron más tiempo en China. Decidimos ir a Burguer King para disfrutar de algo que hace mucho no disfrutaba, comida occidental, y mientras estaba en ese lugar, igual a cualquier otra franquicia del mundo, saboreaba el gusto tan cercano a casa.

Nos llevan al aeropuerto y a Mr. Wang se le ocurre tirar la mejor observación que nos hicieron en todo el viaje justo cuando nos íbamos, “La razón por la que ustedes vienen, es para mostrarnos a nosotros lo que no podemos ver con nuestros propios ojos”, con eso no pude pegar un ojo las primeras horas del regreso en avión.